segunda-feira, 30 de janeiro de 2023

Martin Eden (d'après le roman de Jack London) - Aude Samana & Denis Lapiére (2016)

 






Martin Eden é o romance mais autobiográfico de Jack London e um dos principais livros da literatura do século XX. Martin Eden é um jovem marinheiro nascido nas favelas de Oakland. Uma noite, ele defende um jovem durante uma briga. Este último, filho de uma família rica, convida-o para jantar em sua casa para lhe agradecer. Nesta ocasião, Martin conhece sua irmã, Ruth Morse, uma jovem delicada, por quem se apaixona perdidamente. Ele decide se educar para conquistá-la. Aos poucos, primeiro para agradá-lo, depois com vontade de aprender cada vez mais, ele se torna um homem culto e se esforça para se tornar famoso tornando-se escritor. Apesar do talento que julga ter, não consegue viver da sua caneta. Todos os seus manuscritos são recusados ​​pela Edição. Após a publicação de um artigo em um jornal local em que é apresentado como socialista, o que não é, Ruth o abandona. Ele não tem mais vontade de escrever, mas de repente se torna um autor de sucesso. Martin Eden parte para se estabelecer em uma ilha no Pacífico. No barco, já sem gosto para nada, desgastado pela hipocrisia ambiente, deixa-se escorregar para o mar. Aude Samama, talentosa ilustradora, trabalha a sua pintura até à pureza, com inspiração no expressionismo alemão, em ressonância com a delicada história de Denis Lapière sobre a fragilidade e a complexidade dos seres.

(Resenha do Goodreads)

quinta-feira, 26 de janeiro de 2023

Lovecraft - El Grimorio Maldito — Horacio Lalia (2004)










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Lalia, Horacio
El grimorio maldito. - 1o ed. - Buenos Aires : Thalos, 2004.
88 p. : 28x20 cm.- (Obras maestras ; 1)
ISBN 987-21204-2-0
1. Historieta. I. Título
CDD 741.5
© Horacio Lalia.
Colaboración en las adaptaciones: HaydeéA.Orsi
Adapted with permission ofArkham House Publishers.
El Grimorio Maldito es una publicación de Thalos Editorial 25 de Mayo 192, San Isidro. Buenos Aires, Argentina.
E-mail: thaloseditorial@yahoo. com. ar
Coordinación Editorial: Andrés Accorsi
Coordinación Artística: Rubén Meriggi Diseño y Rotulado: Germán D'Agostino Prohibida la reproducción total o parcial. Derechos reservados.

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"Una gran iniciación para los neófitos que quieran internarse en el mundo de Lovecraft"
BD Gcst

"Para poner imágenes a los textos de un maestro de la literatura fantástica hacia falta un maestro de la ilustración. Horacio Lalia ofrece aquí una obra magistral, que respeta los textos originales, donde la fuerza de Lovecraft permanece intacta para provocar en el lector las más bellas pesadillas".
Cristophe Van De Ponscele

"Horacio Lalia siempre se preocupó por recrear el ambiente gótico, con sus castillos, sus sótanos y criptas. El horror encontró en él a un artesano ejemplar, para quien ¡a adaptación significa recuperar el modo de leer apasionado y absoluto de la infancia".
Pablo De Santis

"Aquí están presentes todos los grandes temas que le son caros a Lovecraft: el Necronomicon, las puertas del infierno, las criptas nauseabundas, los maleficios y las momias. Todo esto llevado a imágenes por Horacio Lalia, con su trazo fino y preciso que logra el justo equilibrio entre luces r sombras. Un clásico siempre eficaz".
Radio Franco 


quarta-feira, 25 de janeiro de 2023

El Jugador — Stephane Miquel & Loic Godart & Fiodor Dostoyevski







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“Ahora estoy solo en el mundo. La catástrofe, que veía venir, se ha desatado, pero cien veces más violenta e inesperada de lo que pensaba. ¡Y lo peor, o lo más asombroso, es que a día de hoy aún no soy capaz de explicarme mi comportamiento! Solo sé que he vuelto a caer en la espiral. [...] Soy Alexei Ivanovitch.”

Así arranca una de las obras maestras de la literatura rusa. En El jugador, Dostoyevski emprende un viaje a los infiernos mientras explora las facetas más oscuras del temperamento humano. La avaricia, el odio, la venganza y la adicción son los protagonistas de una historia de miseria y descontrol donde los personajes, como la ruleta a la que juegan sin parar, dan vueltas y más vueltas en busca de sentido, o de un atisbo de felicidad.

Stephane Miquel se atreve con la adaptación de un clásico universal y consigue mantener la tensión y la angustia existencial de la novela, acompañado impecablemente por los dibujos de Godart.

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EL JUGADOR (Colección Nómadas 47)

Título original: “Le Joueur” de Miquel y Godart

Primera edición: Mayo de 2012

© MC Productions - (Miquel y Godart)

© 2012 Norma Editorial por la edición en castellano

Passeig de Sant Joan 7 - 08010 Barcelona.

E-mail: norma@normaeditorial.com

Traducción: Eva Reyes de Uña

Rotulación: Martín Garcés

ISBN: 978-84-679-0818-3

Escaneo: Siseo del CRG

Printed in Singapore.

www.NormaEditorial.com





 

terça-feira, 24 de janeiro de 2023

Léonie Bischoff – Anaïs Nin - Sur la mer des mensonges (Um mar de mentiras)

 







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Orelhas:

 
Léonie Bischoff est autrice de bande dessinée et illustratrice pour la presse.
Pour les Éditions Casterman, elle publie Hoodoo Darlin' ainsi que trois adaptations de polars suédois de Camilla Lãckberg cosignées avec Olivier Bocquet.
En 2020 parait, toujours chez Casterman, un álbum qui révèle toute 1'ampleur de son talent: un román graphique inspiré de la vie de la diariste et romancière Anais Nin.

***

Plusieurs fois déracinée, Anais Nin a grandi entre deux continents, trois langues, et peine à trouver sa place dans une société qui relègue les femmes aux seconds rôles.
Elle veut être écrivain, et s'est inventé, depuis 1'enfance, une échappatoire: son journal. 11 est sa drogue, son compagnon, son double, celui qui lui permet d'explorer la complexité de ses sentiments et la richesse de sa sensualité.

(Várias vezes desenraizada, Anais Nin cresceu entre dois continentes, três idiomas e a luta para encontrar seu lugar em uma sociedade que relega as mulheres a papéis coadjuvantes. Ela quer ser escritora e desde criança inventou uma rota de fuga: seu diário. Ele é sua droga, seu companheiro, seu duplo, aquele que lhe permite explorar a complexidade de seus sentimentos e a riqueza de sua sensualidade.)

Contra-capa:

Chaqué homme d qui j’ai fait tire mes textes a tenté de changer mon écriture. Écrire comme un homme ne m'interesse pas. Je veux écrire comme unefemme. Je dois plonger loin de la rive pour trouver les mots... sous la mer des mensonges.

(Todo homem ao qual mostrei meus textos tentou mudar minha escrita. Escrever como um homem não me interessa. Eu quero escrever como uma mulher. Devo mergulhar longe da costa para encontrar as palavras… sob o mar de mentiras.)


segunda-feira, 23 de janeiro de 2023

La Antología Gráfica: Lovecraft

 






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INTRODUCCION

“La más antigua y más fuerte de las emociones humanas es el miedo, y el más antiguo y más fuerte de los miedos es el miedo a lo desconocido’.

H.P. Lovecraft, El horror sobrenatural en la literatura

Mi primer contacto con las obras de H.P. Lovecraft surgió de un breve período en el que trabajé en una librería durante mi adolescencia. Hojeando su pequeña sección de libros de terror una tarde tranquila, tropecé con una antología en tres volúmenes de sus relatos, con portadas tan escabrosas en sus detalles que a duras penas pude apartar los ojos de ellas. Unos minutos después, estaba ante el mostrador, devolviendo mis escuálidos ingresos a mi jefe. No puedo decir que recuerde mucho de los días que siguieron, pero la verdad es que mucho no trabajé.
“Todos mis relatos” escribió Lovecraft, “por muy inconexos que sean entre ellos, se basan en el saber o leyenda fundamental que este mundo fue habitado en otro tiempo por otra raza que, al practicar la magia negra, perdió su anclaje aquí y fue expulsada, pero que sin embargo pervive ahí fuera, siempre a punto para volver a tomar posesión de esta tierra.” Algo en esta visión del mundo, sobrecogedora y pesimista, bajo la amenaza constante de seres extraños y de sus intrigantes esbirros humanos, capturó por completo mi imaginación. Quizá fue el lenguaje descriptivo y florido de Lovecraft, o las maravillosas y fascinantes historias en sí, pero quedé enganchado. Abandoné esa librería hace años, pero he leído y releído aquella misma edición desde entonces.
Cuanta más ficción de género he leído a lo largo de los años (sea en prosa o en formato gráfico), más me he dado cuenta de hasta qué punto los tentáculos de Lovecraft se han abierto paso hasta las mentes de mis escritores y artistas preferidos. Esta amplísima influencia es una prueba del poder de su imaginación, como lo es su continuada popularidad y sus devotos lectores. Mi esperanza es que las adaptaciones en este volumen entretengan e inquieten tanto a los aficionados veteranos como a quienes se exponen por primera vez a los relatos fantásticos de Lovecraft.
Lo desconocido aguarda...

Dan Lockwood 
Director de la edición

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INDICE

DAGÓN

Adaptación de Dan Lockwood — Dibujo de Alice Duke... Página 7

LA DECLARACIÓN DE RANDOLPH CARTER

Adaptación de Dan Lockwood - Dibujo de Warwick Johnson Cadwell... Página 15

EL TEMPLO

Adaptación de Chris Lackey — Dibujo de Adrián Salmón... Página 23

DEL MÁS ALLÁ

Adaptación de David Camus - Dibujo de Nicolás Fructus... Página 39

EL GRABADO EN LA CASA

Adaptación de Banjamin Dickson - Dibujo de Mick McMahon... Página 51

LA CIUDAD SIN NOMBRE

Adaptación de Pat Mills - Dibujo de Attila Futaki... Página 63

EL SABUESO

Adaptación de Chad Fifer - Dibujo de Bryan Baugh... Página 79

LAS RATAS EN LAS PAREDES

Adaptación de Dan Lockwood - Dibujo de David Hartman... Página 93

EL CEREMONIAL

Adaptación de Simón Spurrier - Dibujo de Matt Timson... Página 107

ÉL

Adaptación de Dwight L. MacPherson - Dibujo de Paul Peart-Smith... Página 123

LA LLAMADA DE CTHULHU

Adaptación de lan Edginton - Dibujo de D’lsraeli... Página 135

EL MODELO DE PICKMAN

Adaptación de Jamie Delano - Dibujo de Steve Pugh... Página 155

EL COLOR QUE CAYÓ DEL ESPACIO

Adaptación de David Hiñe - Dibujo de Mark Stafford... Página 167

EL HORROR DE DUNWICH

Adaptación de Rob Davis - Dibujo de I.N.J. Culbard... Página 183

LA SOMBRA SOBRE INNSMOUTH

Adaptación de Leah MooreyJohn Reppion — Dibujo de Leigh Gallagher... Página 203

EL QUE ACECHA EN LA OSCURIDAD

Adaptación de Dan Lockwood - Dibujo de Shane Ivan Oakley... Página 223

terça-feira, 15 de novembro de 2022

El Recurso del Método - Alejo Carpentier & Raúl Ponce

 História baseada no capítulo VI da obra homônima de Alejo Carpentier






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Prefácio do Artista gráfico



El consumo y goce de las artes plásticas está reducido a una minoría. Gustadores a secas o inversionistas acceden a la obra de arte que pasa a ser patrimonio y deleite cultural de unos pocos en el mejor de los casos y en otros, una mercancía más, quedando limitada o postergada su validez esencial, vehículo de conocimiento del hombre.

Además, el cuadro de caballete, por definición obra única, incentiva el sentido de posesión y de propiedad no compartida. Los loables intentos de difusión de la obra seriada, no han pasado del lanzamiento de productos menos caros y, paradójicamente, de mayor prestigio cuando menor es la tirada.

Posiblemente esta situación, inquietante para muchos plásticos, puede en algún momento ser revertida, al menos en parte, a partir de una inteligente política de difusión.

Lector de la literatura latinoamericana y ante los límites que el ejercicio de la pintura impone, sentí la necesidad de llevar a imágenes gráficas la riqueza exhuberante y barroca de autores como García Márquez, Asturias y Carpentier. No quería limitarme a ilustraciones de textos, sí interpretarlos y recrearlos. Nació así la idea de hacer historieta.

La historieta es un formidable vehículo de difusión con gigantescas tiradas que cubren de papel impreso gran parte del mundo. Desgraciadamente, salvo honrosas excepciones, se trata de sub-productos culturales, portadores de ideologías deformantes; la realidad es escamoteada de continuo y suplantada por ficciones alienantes en las que campea el culto al héroe: superhombre individualista e imbatible. Solapadamente es negada la solidaridad entre los hombres en la continua y siempre renovada búsqueda de un mundo mejor.

El intento de unir en un todo coherente plástica e historieta, con el agregado de la literatura tiene sus costados tentadores: rescatar un medio expresivo popular proveyéndolo de contenidos nuevos; llegar a un público mayor al habitué de las galerías de arte; el potencial campo de investigación gráfica; explicitar el mensaje que en el cuadro de caballete es latente y difícil de aprehender. No se me escapan los grandes escollos a sortear. Llevar al dibujo formas literarias supone el riesgo de tergiversarlas o, por lo menos, de imponer pautas particulares de lectura. No obstante, pese a que reconoce y se identifica con un origen determinado,, el resultado es “otra cosa”. Otra obra. Buena, regular o mala. No me corresponde emitir juicios de valor.

La elección de “El Recurso del Método” no es casual, ya que salvando las distancias, hay coincidencias con mi propia problemática. El capítulo adaptado tiene la particularidad de presentar un desarrollo propio, en el cuál es magistralmente narrado el triste y repetido final de un dictador, verdadero arquetipo, cuya tragicomedia no es otra cosa que el drama de muchos de nuestros pueblos.

Siento respeto y admiración enormes por Carpentier. Inicié esta empresa no sin temor. Me animó la convicción de que toda obra artística está abierta y por lo tanto, lícito retomarla y transferirla a otros modos expresivos.

He tratado de no aferrarme a un “estilo” en aras de la unidad formal, sino de buscar la coherencia por el contenido total, con las variaciones sugeridas por distintas situaciones y que eventualmente me son permitidas por mi oficio de dibujante. Variaciones, que quieren por otra parte agilizar el diseño y facilitar una mejor percepción visual.

Por último, tengo la esperanza de no haber traicionado a Alejo Carpentier.

Raúl Ponce

quarta-feira, 7 de setembro de 2022

¿Le importa a una abeja? — Isaac Asimov & Fernando Fernandez

 Adaptação em HQ de um conto de Isaac Asimov por Fernando Fernandez







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Segue a versão original de Isaac Asimov

¿Le importa a una abeja?


La nave empezó siendo un esqueleto de metal. Poco a poco lo fueron recubriendo con un pellejo por el exterior, y el interior lo atiborraron de suministros de formas raras.
Entre todos los individuos, menos uno, que participaban en la construcción, Thornton Hammer era el que menos colaboró físicamente. Quizá por esto le tuvieran en mayor consideración. El manejaba los símbolos matemáticos que servían de base para el trazado de líneas en papel de dibujo, el cual servía de base a su vez para conjuntar las diversas masas y las distintas formas de energía que componían la nave.
En este momento Hammer miraba sombríamente a través de unas ajustadas gafas, cuyas lentes captaban la luz de los tubos fluorescentes de lo alto y la reflejaban como sendos focos. Theodore Lengyel, que representaba al personal de la corporación que se hacía cargo de los gastos del proyecto, se hallaba a su lado, de pie, y decía, señalando con un índice rígido como un puñal:
-Ahí está. Ese es el hombre.
Hammer atisbó.
-¿Se refiere a Kane?
-Me refiero al sujeto del mono verde que tiene una llave inglesa en la mano.
-Sí, es Kane. Veamos, ¿qué tiene usted contra él?
-Quiero saber qué hace. Ese hombre es un idiota.
-Lengyel tenía una cara redonda, rolliza, y los carrillos le temblequeaban un poco.
Hammer se volvió para mirar al otro, y su magro cuerpo adquirió un aire de disgusto, centímetro a centímetro.
-¿Le ha molestado usted?
-¿Molestarle? Estuve hablando con él. Mi tarea consiste en hablar con los empleados, enterarme de sus opiniones, conseguir informaciones mediante las cuales estructurar campañas para mejorar la moral del conjunto.
-¿Y en qué forma le molesta Kane a usted?
-Es insolente. Le pregunté qué impresión causaba trabajar en una nave que llegará a la Luna. Le dije algo acerca de que esa nave será un camino hacia las estrellas. Quizá hice un pequeño discurso e hinché un poco el asunto, y de pronto él se alejó del modo más grosero. Yo le llamé y le pregunté: «¿Adónde vas?», y él me contestó: «Estoy cansado de esa manera de hablar. Salgo a contemplar las estrellas.»
Hammer movió la cabeza afirmativamente.
-En efecto. A Kane le gusta contemplar las estrellas.
-Era de día. Ese tipo es un idiota. Desde entonces vengo fijándome en él, y no hace nada en absoluto.
-Ya lo sé.
-Entonces, ¿por qué lo conservan?
Hammer respondió con furia repentina y tensa:
-Porque quiero tenerle aquí. Porque me da buena suerte.
-¿Le da buena suerte? -tartamudeó Lengyel- ¿Qué demonios significa eso?
-Significa que cuando le tengo cerca pienso mejor. Cuando pasa junto a mí, con su maldita llave inglesa, se me ocurren ideas. Me ha sucedido tres veces. No me lo explico; no me interesa la explicación. Ha sucedido así. Y se queda.
-Usted bromea.
-No. No bromeo. Y ahora déjeme en paz.
Kane estaba allí, con el mono verde y la llave inglesa.
Se daba cuenta vagamente de que la nave estaba casi a punto. No la habían diseñado para transportar a un hombre, pero había espacio para uno. Kane lo sabia de la misma manera que sabia muchísimas cosas; tales como procurar mantenerse apartado del camino de la mayoría de personas la mayor parte del tiempo; o como llevar una llave inglesa hasta que la gente se habituaba a verle de este modo y dejaba de fijarse. El mimetismo protector consistía en una multitud de pequeños detalles, realmente… como el de llevar siempre una llave inglesa.
Kane sentía una multitud de impulsos que no comprendía del todo; como, por ejemplo, el de mirar a las estrellas. Al principio, muchos años atrás, se limitaba a mirarlas con vago pesar. Luego, poco a poco, su atención se fue centrando en una determinada región del cielo; después en un punto concreto. No sabia por qué miraba hacia allí. Precisamente era un punto en el que no había estrellas. Un punto en el que no se veía nada.
Era un punto situado muy arriba del horizonte, en el cielo nocturno, a finales de primavera y durante el verano, y a veces Kane se pasaba la mayor parte de la noche observando ese punto, hasta verlo hundirse en dirección al horizonte suroeste. En otras épocas del año, lo contemplaba en pleno día.
Aquel punto le inspiraba un asomo de pensamiento que no acababa de cristalizar. Con el transcurso de los años, dicho atisbo se había fortalecido, había subido más cerca de la superficie, y ahora casi estaba emergiendo, abriéndose camino en busca de expresión. Aunque todavía no se había revelado con toda claridad.
Kane iba y venía inquieto, y se acercó a la nave. Estaba casi completa, casi terminada. Todo encajaba casi perfectamente. Casi.
Porque en su interior, muy hacia la parte delantera, había un agujero poco mayor que un hombre; había también un pasadizo poco mayor que un hombre que llevaba hasta aquel refugio. Mañana ese pasadizo se llenaría con los últimos mecanismos; pero antes se habría llenado también el agujero. Aunque no con nada planeado por ellos.
Kane se acercó todavía más; pero nadie le prestó la menor atención. Se habían acostumbrado a él.
Había una escalera de metal, por la que tendría que subir, y una pasarela que había que recorrer para entrar en la última abertura. Y él sabía dónde estaba exactamente dicha abertura; lo sabía tan bien como si hubiera construido la nave con sus propias manos. Kane trepó por la escalera y recorrió la pasarela. No había nadie allí en aquel mo…
Se equivocaba. Había un hombre. El hombre le preguntó vivamente:
-¿Qué hace usted aquí?
Kane se volvió, y sus ojos inexpresivos miraron al que le había hablado. En seguida levantó la llave inglesa y la hizo descender suavemente contra la cabeza del hombre. El agredido, que no había hecho el menor intento de esquivar el golpe, cayó; en parte por efecto del golpe.
Kane le dejó tendido allí, sin preocuparse. El hombre no pasaría mucho rato inconsciente, aunque sí el suficiente para permitir que Kane se introdujera en el agujero. Cuando recobrase el sentido no recordaría nada de Kane, como tampoco de que hubiera pasado un rato inconsciente. Sencillamente, habría restado de su vida cinco minutos que ni volvería a recuperar jamás ni echaría de menos.
El agujero estaba oscuro y, por supuesto, no tenía ventilación; pero Kane no se fijó siquiera en tales detalles. Con la seguridad del instinto, se arrastró hacia el refugio que lo acogería y luego permaneció tendido allí, jadeando, encajado perfectamente en la cavidad, como en una matriz.
Dentro de dos horas introducirían los últimos mecanismos, cerrarían el pasillo y, sin saberlo, dejarian a Kane allí. Kane seria el único pedazo de carne y sangre dentro de un objeto de metal, cerámica y combustible.
Kane no tenía miedo de que le descubrieran antes de tiempo. De todos los que habían participado en el proyecto, nadie sabia que existiera aquella cavidad. No figuraba en el diseño. Los mecánicos y los constructores no se daban cuenta de que lo hubieran dejado.
Kane lo había arreglado todo.
No sabia cómo, pero sabia que lo había hecho.
Poseía la facultad de observar la influencia que ejercía, aunque sin saber cómo la ejercía. Consideremos, por ejemplo, a Hammer, el jefe del equipo y el más claramente influenciado por él. De todas las figuras confusas que rodeaban a Kane, era la menos borrosa. En ocasiones, Kane se daba perfecta cuenta de su presencia, cuando pasaba junto a él en sus lentos, imprecisos viajes por el recinto. Era lo único que precisaba: pasar junto a él.
Kane recordaba que también había sucedido así anteriormente, en particular con los teóricos. Cuando Lise Meitner decidió comprobar si había bario entre los productos del bombardeo del uranio mediante neutrones, Kane estaba allí; era un individuo que deambulaba por un pasillo vecino sin que nadie se fijara en él.
Y estaba recogiendo hojarasca en un parque, en el año 1904, cuando el joven Einstein pasaba por allí, meditando. En aquel instante, el sabio aceleró el paso, excitado por el impacto de una idea repentina. Kane lo percibió como una sacudida eléctrica.
Pero no sabia cómo se producía el hecho. ¿Conoce una araña la teoría arquitectónica cuando empieza a construir su primera tela?
Pero el proceso venía desde más atrás todavía. El día que Newton contemplaba la Luna, con el alborear de un determinado pensamiento, Kane estaba junto a él. Y desde mucho más lejos todavía.
El panorama de Nuevo México, ordinariamente desierto, bullía de hormigas humanas que rondaban en torno de la torre metálica de lanzamiento. La estructura que dispararían hoy era diferente de todas las que la habían precedido.
Esta quedaría libre de la atracción de la Tierra mucho antes que ninguna de las otras. Se alejaría mucho más y rodearía la Luna antes de regresar. Estaría llena de instrumentos que fotografiarían la Luna y medirían el calor que emitiera, medirían su radiactividad y examinarían su estructura química mediante las microondas. Realizaría de manera automática casi todo lo que podía pedírsele a una nave tripulada. Y proporcionaría los datos suficientes para que la nave siguiente que enviaran fuese realmente un vehículo tripulado.
Pero hay que decir que, en cierto modo, esta primera nave era ya un vehículo tripulado.
Había allí representantes de varios gobiernos, de varias industrias, de varias agrupaciones sociales y económicas. Había cámaras de televisión y reporteros.
Las personas que no podían estar allí contemplaban la escena en sus hogares y escuchaban la cuenta atrás, pronunciada con cuidadosa monotonía, de la manera que había devenido tradicional en sólo tres décadas.
Al llegar a cero, los motores de reacción se pusieron en funcionamiento, y la nave se elevó pesadamente.
Kane oía el ruido de los gases que salían precipitadamente, como desde muy lejos, y sentía contra su cuerpo el peso de la aceleración creciente.
Kane apartó la mente, levantándola y dirigiéndola hacia el exterior, liberándola de toda relación directa con el cuerpo, a fin de no darse cuenta del dolor y la incomodidad.
Comprendía confusamente que el largo viaje estaba llegando a su fin. Ya no tendría que seguir actuando cuidadosamente para evitar que la gente se diera cuenta de que era inmortal. No tendría que seguir disimulándose en segundo término, ni errar eternamente de un lugar a otro, cambiando de nombre y de personalidad y manipulando mentes.
La cosa no había salido perfecta, claro está. Habían surgido los mitos del Judío Errante y del Holandés Volador, pero él había seguido adelante. Nadie le había molestado.
Veía su punto en el firmamento. A través de la masa y la solidez de la nave, seguía viéndolo. O acaso no lo «veía» realmente. No tenía la palabra exactamente apropiada.
Sin embargo, sabía que la palabra apropiada, exacta, existía. No habría sabido decir cómo sabía una parte de las cosas que sabía, como no fuera explicando que con el paso de los siglos las había aprendido poco a poco, con una seguridad que no requería razonamiento alguno.
Había empezado a existir como un ovum, o como algo para lo cual la palabra «ovum» era la más apropiada que conocía, depositado en la Tierra antes de que las criaturas nómadas, llamadas desde entonces «hombres», hubiesen construido las primeras ciudades. Su progenitor había elegido, cuidadosamente, la Tierra. No servía cualquier mundo, no.
¿Qué mundo habría servido? ¿En qué criterio se fundaba la elección? Esto no lo sabía todavía.
¿Acaso un icneumón, ese curioso insecto, estudia entomología antes de encontrar la especie precisa de araña que servirá para sus huevos y de herirla de modo que a pesar de todo siga viviendo?
El ovum lo echó fuera por fin, y él tomó forma humana y vivió entre los hombres, y se protegió de ellos. Entretanto, su único objetivo consistía en disponer las cosas de forma que los hombres recorrieran un camino que les condujese a construir una nave espacial, y que dentro de la nave hubiera una cavidad, y que en la cavidad estuviera él.
La empresa había requerido ocho mil años de esfuerzos, de progresos lentos y tropiezos.
Ahora, cuando la nave estaba ya fuera de la atmósfera, el punto del firmamento se divisaba mejor. Aquélla era la llave que le abría la mente. Aquélla era la pieza que completaba el rompecabezas.
Las estrellas parpadeaban dentro de aquel punto que el ojo del hombre, sin auxilio de aparatos, no habría podido ver. Una determinada estrella de aquel grupo brillaba esplendorosa, y Kane se lanzaba afanoso hacia ella. La expresión que habla ido tomando forma en él durante tanto tiempo se abría paso ahora.
-Mi hogar -susurró.
¿Lo sabía? ¿Acaso un salmón estudia cartografía para encontrar los manantiales de agua dulce del riachuelo en donde nació años atrás?
Se había dado el último paso en el lento proceso de maduración que había durado ocho mil años, y Kane ya no se hallaba en estado de larva, sino de adulto.
El Kane adulto volaba fuera de la carne humana que había protegido a la larva, y huyó también de la nave. Y se lanzó adelante, a velocidades increíbles, hacia el hogar, del que quizá saliera también un día, para ponerse a vagar por el espacio y fecundar algún planeta con su «ovum».
El Kane adulto surcaba raudo el espacio, sin acordarse siquiera de la nave que transportaba la crisálida vacía. No dedicó ni un momento de atención al hecho de haber empujado a un mundo entero hacia la tecnología y los viajes espaciales sólo para que aquel ser que había sido Kane pudiera madurar y llegar a su realización total.
¿Le importa a una abeja lo que le haya ocurrido a una flor, cuando ella ha terminado su asunto con aquella flor y está siguiendo su propio camino?

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Does a Bee Care?
1957

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